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    April 16

    FITC 2006

    Esta Semana Santa ha estado cargada de tristeza, más aún considerando que para nosotros el Domingo de Resurrección tiene igual importancia que la Navidad y ésta ha sido la primera Pascua sin Diego. Aún así, el Festival Internacional de Teatro de Caracas ha venido a darme un poco de distracción y, de hecho, las pocas veces que he salido ha sido a ver alguna obra. Tuve la oportunidad de ver unas cuantas y aquí les dejo un resumen de ellas:
     
    En primer lugar, vimos Il Corso, de la Compañía alemana Pan Optikum; que se presentó en Los Próceres. Fue una puesta en escena impresionante, con música en vivo, juegos de iluminación, pirotecnia y acrobacias, todo esto con el texto, narrado en un español bastante correcto aunque a veces difícil de entender, del Libro de las Preguntas de Pablo Neruda. Frases como: "Las lágrimas que no se lloran esperan en pequeños lagos? o serán ríos invisibles que corren hacia la tristeza?" "Sufre más el que espera siempre o aquél que no espera nunca?" y "Por qué no enseñan a sacar miel del sol a los helicópteros?" son de las que más recuerdo de esta obra.
     
    Luego vino la obra de calle del Grupo Gran Reyneta de Chile, titulada Fotonovela. Como su nombre lo indica, esta pieza narra todo el proceso creativo para realizar una fotonovela, utilizando efectos especiales con dobles, caídas, incendios, vidrios rotos y mucha, pero mucha sangre. La historia está llena de romance, acción e intriga y es narrada de manera muy ingeniosa, haciendo pausas para cada foto que debe ser tomada. La ví dos veces y es, para mí, lo mejor del FITC junto con Apartamentos X.
     
    Ese mismo día vimos La Noche Árabe de Colombia. Esta pieza relata, a través de cinco monólogos simultáneos, las historias de cinco personajes que se entrecruzan en una calurosa noche de verano, cuando en el edificio en el que viven se dañan los ascensores y el agua queda detenida en el séptimo piso. Si bien la propuesta es original y tiene algunos momentos graciosos, cae en lo tedioso al repetirse las mismas situaciones; sobre todo cuando los personajes suben y bajan una y otra vez las escaleras hasta el séptimo piso, narrando en qué piso se encuentran. 60.000 bs que hubiera preferido gastar de alguna otra manera.
     
    Sound of the Ocean de Taiwán fue el punto relajante de todo el festival, a pesar de las críticas no tan buenas que había escuchado. Aunque el público que llenó la Concha Acústica no era el más educado ni respetuoso, y los asientos fueron terriblemente incómodos; los cinco segmentos de la obra, en donde se utilizaron diferentes instrumentos típicos de Asia, nos transportaron a otro mundo. Particularmente me encantó el segundo segmento, donde con unos pequeños tambores reprodujeron el sonido de la lluvia y el tercero, con los sonidos de los gongs.
     
    A última hora, luego de leer las críticas positivas en el periódico, compramos las entradas para A Quién le Teme Virginia Wolf? de Alemania. Esta es una historia sobre dos matrimonios que se reúnen y durante la conversación salen a relucir sus diferencias y los profundos problemas que tienen sus relaciones. Lo mejor fueron las actuaciones, especialmente las de los actores que interpretaron al matrimonio Goebels en La Caída (Corinna Harfouch y Ulrich Matthes). El punto negativo: siendo una obra tan pesada, hablada en alemán y de dos horas y media de duración, un intermedio hubiera sido absolutamente necesario. De todas formas, genial.
     
    La obra de Francia, Pourquoi la Cuisine?, se centra en la idea de que la mayor parte de la vida cotidiana, no importa país de procedencia, cultura, religión, se desarrolla en la cocina. Me hubiera gustado poder practicar un poco más el francés, pero durante toda la función los diálogos estuvieron escritos en las paredes del escenario y muchas veces la historia se relató a través de la danza, los movimientos de los muebles y las actuaciones; fue básicamente la historia de varias familias, sus alegrías, tristezas, despedidas del hogar, recibimientos, peleas, reconciliaciones, todo esto en la cocina. Fue una obra que para mí pasó sin pena ni gloria; el punto extra fue la incorporación de los olores al espectáculo, que jamás había visto y que me pareció súper interesante y original.
     
    Red de Stalker Theater de Australia fue una decepción, después de haber presenciado la fabulosa obra que presentó este grupo hace dos festivales en la Plaza Francia. Por lo que pude entender, la obra tiene lugar cerca del fin del mundo y, por alguna razón, los personajes deciden bailar y encaramarse y bajar de unas escaleras y de unos zancos inmensos; cosa que sería mi última opción si sé que el mundo se va a terminar. Quizás todo era una metáfora sobre flotar e ir ascendiendo o algo por el estilo, pero a mí no me llegó; me pareció bastante monótona y bastante larga. Gracias a Dios que era gratis.
     
    Por último, para cerrar con broche de oro el festival, Apartamentos X, una coproducción germano-venezolana, basada en una obra similar que se hizo en Berlín el año pasado. Llegando al Centro San Ignacio nos dieron un aparato de MP3, donde el Cronista de Chacao a la vez que iba narrando la historia del municipio, iba dando indicaciones de adónde ir. Pasamos por el Mercado, que era anteriormente una hacienda de café; el Seguro Social (una caballeriza), el dispensario (un cementerio), la primera escuela de música del municipio, etc, hasta llegar a la Oficina del Cronista, donde él mismo nos recibió. Después de quitarnos los aparatos de MP3, nos dieron una hoja con indicaciones para llegar a nuestra siguiente estación: un edificio a dos cuadras, en cuya azotea se encontraba una "familia" muy particular con intenciones de alquilar el espacio; después de presentarnos el apartamento, a la familia, hermanas siamesas y padre alcohólico incluidos, seguimos hasta la siguiente parada: una casa donde nos esperaban cantantes de ópera. Estos, con música de óperas tradicionales, como la Sonámbula, cantaron los titulares del diario VEA, para después hacer un contrapunteo entre éstos y los del Nacional. Luego caminamos hasta el barrio La Cruz, donde fuimos a la casa de un niño de 13 años que la diseñó y construyó él mismo, y nos mostró los proyectos y maquetas para hacer la segunda y tercera planta. Después de esta estación, fuimos en moto (primera vez en mi vida!!!) hasta un edificio en la Calle Élice, donde en el sexto piso, visitamos el apartamento de dos amables señoras con pretensiones de artistas que nos ofrecieron café y galleticas mientras nos cantaban una canción de su repertorio y que nos botaron al saber que no éramos productores musicales. En la piscina del mismo edificio, nos esperaban unos agentes túristicos de una agencia llamada Chacao Desconocido, que nos llevaron al Mercado de Chacao y nos contaron una historia titulada "Mercado de Sueños". Por último, llegamos a un edificio abandonado, donde el guachimán nos contó su historia y la del edificio; para concluir con la explosión de un cohete traído de Carora, su tierra natal. Sin duda alguna, un espectáculo interesante, original, didáctico y que hubiera podido durar otras tres horas más sin que nos diéramos cuenta. El único punto débil son los aparatos de MP3, el de Alonzo se reseteó y perdió algo de la información de Chacao; pero de resto, una casi perfecta organización. Lástima que al final no había a quien aplaudir.
     
    Las fotos en el álbum FITC 2006