V's profileVilaPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
November 09 La músicaLa música es, junto con el whisky, el ingrediente más importante de todo matrimonio que se precie. Mientras los novios comienzan su sesión fotográfica de dos horas (de la que hablaremos en otra oportunidad), los invitados escuchan música digna del más estereotipado consultorio odontológico, liderada por los grandes éxitos de Kenny G, sazonados con algunos temas instrumentales de Bryan Adams, Sting y otros representantes del pop de los `80. En algunos casos, esta espera es amenazada, perdón, amenizada, por un grupo de violines en vivo, o un saxofonista que todos describen entre suspiros como "bellísimo" mientras no dejan de pensar en cuándo pondrán el set de reggetón y estiran sus cuellos a ver si avistan al mesonero que les traerá el primer trago.
Por fin termina la sesión fotográfica y los novios se dirigen a su primer baile como esposos. Aparentemente, la orquesta o DJ jamás le pregunta a la pareja qué canción desearían bailar porque todos terminan invariablemente moviéndose al ritmo del Danubio Azul o, los menos afortunados, del Tiempo de Vals de Chayanne. Esta es la oportunidad perfecta para demostrar la poca gracia de ambos, que en su vida han bailado un vals, y que no pueden siquiera coordinar para dar dos pasos a la izquierda y dos a la derecha al mismo tiempo. Los novios, con la cara cada vez más roja sabiendo que todos están mirándolos hacer el ridículo, pasan a bailar con sus padres y padrinos desviando así la atención hacia los demás bailarines. Sin falta, la canción que le sigue al vals es el pasodoble "El Beso" (o cómo se llame) que danzan alegremente todos los asistentes mayores de 50 años, ocasión que los novios aprovechan a ver si pueden sentarse dos minutos mientras ven a la gente tarareando a todo volumen "
Los menores de 50 años están ahora felices campaneando sus vasos de whiskey los hombres y champaña las mujeres y tomando cuanto pasapalo pasa a su lado, algunos diciéndole al mesonero "compadre, pasa por aquí primero cuando traigas los tequeños". La música cambia a alegres melodías de salsa y merengue y las mujeres comienzan a moverse como poseídas en la silla tratando de que sus parejas entiendan la indirecta de que quieren que las saquen a bailar. Pero los hombres están muy ocupados contando los detalles de la despedida de soltero de la noche anterior. Los mayores de 50, que se sentaron luego de "El Beso", a duras penas pueden entender a sus vecinos de mesa por el volumen de la música y se limitan a agotar la botella de whisky que pareciera haber venido agujereada de la fábrica por la rapidez con la que se consume el vital líquido.
La madre de la novia mira horrorizada como su hija cambia los zapatos de tacón por unos de goma (que trajo la madrina encaletados para que la señora no se diera cuenta y los extraviara "accidentalmente") y allí salen los novios a bailotear con el resto de los invitados, pasando por diferentes ritmos: salsa, merengue, changa... hasta que llega el tan ansiado set de reggetón, música que el novio detesta y que la novia critica sin parar, pero basta que suenen los primeros acordes de Atrévete para que la chica salte como movida por un resorte rogando "sólo ésta, mi amor, aaaandaaaa". Todos los amigos de los novios salen a bailar, provocando el impelable comentario de los mayores: "que clase de música es ésta? los sesenta!! eso sí era música". Y las inocentes niñitas que llevaron las arras y anillos demuestran todo lo que han aprendido viendo los videos de Calle 13 y Tego Calderón, ante las orgullosas miradas de sus padres.
Una vez que el nivel alcohólico de más del 50% de los invitados ha rebasado el límite legal, comienza la Hora Loca, clímax de cualquier celebración venezolana. Sombreros con los más inexplicables diseños ruedan entre los invitados, destacando los de los novios, los padres y padrinos. Señoras encopetadas perdiendo el peinado de peluquería con sombreros a lo Carmen Miranda llenan la pista de baile mientras sus esposos siguen mordisqueando quesos y aprovechan la falta de vigilancia para bucearse al resto de las invitadas. Las damas de honor comienzan a hacer coreografías, recordando sus años de bachillerato. Todos se pelean por agarrar el collar hawaiano que mejor cuadre con su atuendo y sonríen al fotográfo, ya más que harto de tomar las mismas fotos de gente con los mismos sombreros. Y todos forman parte de esa inmensa serpriente adosada a La Conga de Ricardo Montaner, saludando a los que siguen en las mesas incitándolos a formar parte del delirio. No pueden faltar Juana La Cubana, Persiana American, YMCA e Ilari Lari Lari E, entre otros clásicos, que sólo tenemos oportunidad de escuchar en una boda. Luego suena la música típica y todos, menos los novios cuya falta de ritmo quedó ya establecida, se contonean al ritmo de los tambores venezolanos, sambra brasilera, y la tarantella.
Luego de la Hora Loca, la fiesta se va disolviendo poco a poco; se sirve el chupe, se pica la torta, las chicas que quedan se disputan el dije de la torta y el bouquet, con la esperanza de no quedarse solteras y picándole el ojo al primo del novio. Y en el futuro, el éxito de la fiesta estará siempre basado en la calidad de la música y el porcentaje de invitados que se quedaron sentados en la Hora Loca. November 08 El cortejoEl origen del cortejo radica en que antiguamente el enamorado raptaba a la novia y se hacía acompañar de sus más cercanos amigos para asegurar el éxito del rapto y la joven se rodeaba de sus amigas para "protegerse" de sus raptores. Estos jóvenes son ahora representados por los integrantes del cortejo nupcial. Por otra parte, una amiga muy querida de la novia permanecía con ésta día y noche para protegerla; ésta es ahora la Madrina. Finalmente, el joven que buscaba una esposa escogía a un amigo que fungía como casamentero y se encargaba de los arreglos financieros pertinentes; éste es ahora el Padrino de la boda.
Si bien el cortejo no cumple ahora con estas importantes funciones, los novios siempre han deseado que sus más íntimos amigos los acompañen en ese momento tan especial, aunque hay algunas personas, completamente ajenas al asunto, que insisten en que esa es una tradición innecesaria y pasada de moda. La novia siempre había considerado que los cortejos exclusivamente masculinos, tan de moda en nuestros días, se debían a la incapacidad de la novia de tener amigas mujeres. Cuando comienzan los preparativos con sus damas de honor se da cuenta que, en realidad, tener un cortejo masculino es más una cuestión de practicidad que cualquier otra cosa.
En primer lugar, la novia debe elegir a sus más íntimas amigas, aquéllas que siempre la han acompañado en todos los momentos de su vida, bla, bla, bla... Por supuesto, siempre están las opiniones del Comité Organizador, que asegura que la prima del novio Laurita, aquélla que si se la encuentra en la calle no reconoce porque no la ha visto desde que tenían 3 años (y eso por parte del novio, porque la novia ni la ha conocido) debe ser la madrina. Los suspiros de horror al saber que ni siquiera estará en el cortejo durarán hasta seis meses después de la boda, y se repetirán en cada reunión familiar donde se vea el álbum del gran día. Sin contar aquellas amigas que no han aparecido en años y que piensan que el novio se llama Romualdo en vez de Rodolfo, pero como la novia les dijo en segundo grado que serían parte de su cortejo se ofenden cuando no son elegidas. Finalmente, los novios logran tener algo de autonomía (después de un conato de golpe de estado al Comité Organizador) y eligen ellos mismos el grupo que los acompañará este día, basados única y exclusivamente en lo que les dio la gana, perdón "en lo que habían soñado desde siempre".
Una vez conformado el grupo es hora de tomar una decisión fundamental: el vestido. Que si se hace de la misma tela, pero de diferentes colores y modelos; que si del mismo color pero de diferentes modelos y telas; que si el mismo modelo para todas... Opción esta última que puede generar gran polémica dado que lo que le queda bien a una, no necesariamente a la otra y la otra puede pensar que la novia y la primera están encompinchadas para que lleve un vestido que le quede mal para que no se levante a nadie en la fiesta (porque la novia tiene el suficiente tiempo libre como para ocuparse de esos detalles). Diplomáticamente, se llega al acuerdo de que los vestidos serán del mismo color, pero que cada quien llevará el modelo que más le parezca. El asunto no termina allí, porque la novia debe recordarles a las chicas que la Iglesia no es el lugar para andar mostrando todos sus atributos y que si desean un escote que llegue hasta donde la espalda pierde su nombre deben tener un chal para cubrirse, antes de que el sacerdote se niegue a dar la misa hasta que algún amigo le preste la chaqueta del flux para que se cubra; arruinando de esta manera las fotos de la ceremonia.
Todas estas amigas deberán soportar estoicamente por unos seis meses todos los cuentos de amor y dolor de los preparativos de la boda y no bloquearán a la novia del msn (sólo porque ahora se puede ver quién te bloqueó), pero no pasarán tanto tiempo conectadas y los celulares comenzarán a estar más tiempo apagados, simplemente para no escuchar por octava vez la pelea que tuvieron los novios porque uno quería entregar almendras plateadas de recuerdo y la otra las quería rosadas, y el ya familiar, aunque apenas entendible entre tantas lágrimas,"ya no sé porque me quiero casar con él, es un desconsiderado; no respeta mis deseos de las almendras rosadas".
Al fin y al cabo, lo que no te mata te hace más fuerte; si la amistad sobrevive todos los preparativos y angustias de la boda, saldrá reforzada y serán amigas para siempre. Igualmente no es mala idea que la novia regale a sus damas de honor un díita en un spa para librarse todas ellas del estrés y, sobre todo, para no hablar de la boda, aunque sea por unas horas.
|
|
|